Roberto Santiago 4 enero, 2023 | Hace 3 años
El índice que mide la confianza de la Iniciativa Privada cayó 2.99% durante diciembre pasado, que representó el segundo descenso consecutivo y el peor resultado en los últimos cuatro meses.
La Iniciativa Privada (IP) del país terminó el 2022 en depresión. La confianza empresarial se opacó por un elevado nivel inflacionario, el ciclo alcista de la tasa de interés y la debilidad en la economía mexicana.
Se añade el contexto internacional, que también es desalentador: la continuación de conflictos geopolíticos; la posibilidad de que Estados Unidos entre en recesión, más el endurecimiento monetario de la Reserva Federal (Fed) para revertir la alta inflación, y los confinamientos en China que provocan disrupciones en las cadenas de suministro globales.
Tanto el escenario nacional como el global provocaron que la mayor desconfianza del empresariado fuera el momento adecuado para invertir, es decir, la IP no cree que actualmente sea conveniente inyectar capital.
Además, el pesimismo permeó a los sectores más importantes de la actividad económica nacional.
Según datos desestacionalizados de la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial, el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) general cayó 2.99% a tasa mensual en diciembre pasado, que significó la segunda disminución al hilo, así como registrar ocho meses con descensos en todo el 2022.
Dicha baja colocó al ICE, que realiza el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 45.02 puntos, el menor nivel en los últimos 22 meses, cuyos resultados, advierte Monex, son tan alarmantes como en los meses iniciales de la pandemia.
El declive de la confianza del empresariado se generalizó en toda la economía mexicana.
Los cuatro sectores económicos que considera el ICE, que son manufactura, construcción, comercio y servicios, presentaron caídas mensuales en diciembre del año pasado.
Los desplomes sectoriales más pronunciados fueron en servicios privados no financieros (5.28%) y en comercio (1.79%), manifestando la debilidad en el consumo privado, cuya tendencia prevé que las actividades terciarias serán las más afectadas en el comienzo del 2023.
Mientras el ICE de la construcción se contrajo 1.11%, extendiendo su racha a diez meses con bajas. Este sector resiente el recorte a la inversión pública, pese a la apuesta del gobierno federal por detonar el sureste del país con grandes como la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya o el Corredor Transístmico.
La manufactura, motor de la economía mexicana, fue un caso especial. Si bien la confianza del empresario manufacturero disminuyó 0.47% en diciembre, en su interior se mostró cierta certidumbre.
Con información de El Economista.